#Workperks, o incentivos en el trabajo: un safari en el país de la alegría

Cada año, Livingstone reúne a los empleados de todas sus oficinas para un retiro de 3 días en el país de la oficina organizadora. El #workperk es Livingstoniano en esencia, y propone excursiones emocionantes y actividades de equipo pensadas para acercar a todos un poco más.

El retiro anual incluye también en su agenda la entrega del trofeo “International Player of the Year” otorgado al Livingstonian que más ha contribuido al desarrollo del negocio internacional de la firma durante el año. El trofeo está premiado con un viaje a Zambia para el/la ganadora y un/a invitado/a, con el fin de experimentar en primera persona el impacto positivo que ha tenido la Fundación Livingstone, el brazo solidario de la firma, mientras puede disfrutar de algunos de los safaris más hermosos del país africano.

La ganadora en 2018, Elena González, compartió los momentos más destacados de su viaje.

Me ha costado volver a la realidad después de un viaje tan impresionante a un país tan maravilloso. Mi primera vez en África. Tengo que confesar que al principio estaba un poco nerviosa pues no sabía lo seguro y fácil que iba a resultar aquel país y todo el viaje. Esperaba una buena dosis de aventura y lo cierto es que ¡eso no faltó!

Mi viaje tuvo lugar del 28 de abril al 8 de mayo de 2019. Tras meter en la maleta ropa de verano y todo tipo de artículos de botiquín, sin olvidar las pastillas para la malaria, mi amiga Marja y yo emprendimos nuestro viaje. Disfruté la experiencia de subir por primera vez a un A380, ver los rascacielos de Dubai y el desierto.

Una vez en Lusaka, la aventura comenzó: nos subimos a un pequeño, pero bien mantenido, avión, donde el auxiliar de vuelo tenía que hacer el papel de 3 personas: acomodarnos, darnos instrucciones de seguridad y, llegado el momento, ofrecernos un fantástico tentempié de patatas fritas locales.

Fue uno de los primeros contactos con la gente local, tan amable y simpática; dispuesta a hablar contigo, ayudarte, enseñarte, preguntarte, y siempre contenta de entablar una conversación con extranjeros y compartir historias.

“Los niños no lloran en este país” – fue el primer comentario de mi amiga. Viajan pegaditos a la espalda de sus madres y no parecen sentir miedos o emergencias, porque se sienten seguros y cuidados. Los niños más mayores son simpáticos, respetuosos, muy callados y educados, como tuvimos ocasión de comprobar en algunas aulas y museos. ¡Tan distinto a la cultura española!

Antes del viaje, habíamos leído sobre las dificultades a las que se enfrentan los niños para conseguir una formación adecuada, sobre todo en matemáticas, tan importantes para acceder a la educación secundaria. En este sentido, si faltan a la escuela por enfermedad o por tener tareas domésticas, se quedan atrás y les cuesta mucho ponerse al día con los niveles exigidos cada año. Afortunadamente, hemos podido comprobar que han cambiado muchas cosas en las áreas donde actúa la Fundación Livingstone.

Al llegar a nuestro lodge – denominado Flatdogs Camp – (más tarde supe que “flatdogs” es el nombre que se les da allí a los cocodrilos, lo cual me habría hecho estar mucho más atenta si hubiera sabido que de noche eran visitantes frecuentes del lugar), nos recibió Lydia, una mujer maravillosa que nos hizo sentir como en casa. Ella nos dió todas las “instrucciones de seguridad”: – “No salgáis de noche por vuestra cuenta, llamad siempre con la linterna a uno de los vigilantes si queréis salir de la tienda; – No dejéis la cremallera de la tienda abierta, ni los candados abiertos, ni la llave en los candados: los monos y babúnes son expertos en abrirlos y les encanta entrar y revolverlo todo; – No dejéis vuestros objetos personales en el baño, porque al estar abierto al exterior es accesible a los monos y les encanta montar una fiesta con el papel higiénico y la pasta de dientes; – pero, sobre todo, tened cuidado con los animales grandes, tanto de día como de noche, ya que pueden resultar muy peligrosos”.

 

La noche de nuestra llegada, se oía muy cerca el canto de los hipopótamos, un extraño sonido que aún no sabíamos reconocer. Descubrir a la mañana siguiente la exuberante naturaleza que nos rodeaba, fue una experiencia que no olvidaré. Una gran familia de hipopótamos nadaba justo en frente de nuestra tienda y, ver hipopótamos tan de cerca por primera vez es impresionante… aunque pierde algo de fascinación al tercer día porque hay hipopótamos por todas partes a lo largo del río Luangwa. ¡Hay más hipopótamos que piedras!

El Luangwa es el único río de Zambia donde el hombre no haya intervenido en todo su cauce. Por eso abundan animales, plantas y naturaleza salvaje, igual que hace cientos de años en el mismo lugar. Vayas donde vayas, tienes la sensación de estar viendo naturaleza en estado salvaje, como si hubieras retrocedido en el tiempo, y es impactante. Sin necesidad de salir del campamento, podíamos ver y escuchar docenas de especies de pájaros, monos, elefantes, hipopótamos, reptiles, insectos tropicales… En los safaris, la sensación aumentaba a medida que avistabas leones, cocodrilos, búfalos, jabalís, leopardos, cebras y jirafas. Pudimos ver un montón de especies salvajes impresionantes, incluidas algunas muy difíciles de avistar, gracias a Kennedy, nuestro experto ranger que nos guió en los safaris diurnos y nocturnos que disfrutamos en el Parque Nacional de South Luangwa.

Además de la fascinante naturaleza que descubrimos, también fue un placer conocer a las personas que han hecho posible los proyectos de la Fundación Livingstone en Zambia. Karen y Dave son dos británicos afincados en este país desde hace muchos años, que han sabido canalizar con éxito inversiones y compras realizadas por turistas, para poder realizar proyectos maravillosos que han mejorado la vida de los niños y las familias de la región. Ellos mismos nos contaron lo agradecidas que estaban las comunidades que pueblan la zona de la Escuela Kapita, donde la Fundación Livingstone ha construido una nueva escuela dotada de varios edificios, incluida una biblioteca, y ha introducido el programa de matemáticas de Edulution para todos sus alumnos.

La Escuela Kapita no estaba muy lejos del campamento, pero las pistas de arena que se llenan de baches enormes durante la estación de lluvia, hacen que las distancias parezcan enormes. La escuela atiende a unos 600 niños en turnos de mañana y tarde hasta el final de la educación primaria. Nos encontramos con algunos de los niños que viven en las chozas ubicadas junto a la escuela, que suelen ir al patio a jugar con sus pelotas, hechas de varias capas de bolsas y plásticos atados con una cuerdecita. Me alegré haber viajado con varias pelotas en la maleta y entonces entendí la importancia que cobran los pequeños detalles.

De camino a la escuela, Dave nos contó cómo la construcción de los pozos que daban suministro de agua potable a los asentamientos junto a la escuela había sido clave para cientos de familias que viven cerca y que notaron una gran mejoría en sus vidas. Sin embargo, las corrientes subterráneas parecían estar cambiando de curso y estaban preocupados de cara a poder mantener el suministro de agua con esos pozos, pues en esa zona es verdaderamente difícil encontrar agua.

En la escuela nos recibió el Jefe de Estudios, Mr. Gilbert. Tras ofrecerle los libros y materiales que habíamos traido en nuestras maletas, nos enseñó la escuela comentándonos el nivel de matemáticas tan bajo de los niños de Zambia, ¡el más bajo del mundo! En la escuela Kapita estaban cambiando las cosas con el programa de “Edulution” que funciona mediante la instalación de un software en tablets, que actualizan periódicamente con un servidor. De esta forma, pueden enseñar matemáticas a los niños y evaluar sus progresos.

El programa está financiado con donativos que sirven para retribuir a los estudiantes de secundaria o educación superior que colaboran dando clases y supervisando los progresos de los alumnos. A medida que los alumnos consiguen superar niveles, ellos son remunerados, y con su paga consiguen avanzar en sus propios estudios además de ayudar a sus familias. La puesta en marcha de Edulution en la Escuela Kapita fue financiada por Livingstone Partners, y Gilbert nos contó que en muy poco tiempo, habían pasado de tener un resultado medio del 10% en Matemáticas, a superar el 50%, demostrando el éxito de este programa que está favoreciendo el acceso a la educación secundaria para muchos más alumnos.

En la oficina y la tienda de Project Luangwa, donde está la base de Karen y Dave, vimos la manera en que hombres y mujeres aprendían oficios y artesanías tales como costura, tallado de madera, trabajos en metal, cestería… Hacían infinidad de objetos maravillosos, muy adaptados al gusto europeo, pero sin perder su toque étnico y tradicional. El dinero generado por la venta de estos objetos está destinado a la financiación de un programa de estudios para chicas jóvenes facilitándoles el acceso a secundaria. Allí conocimos a Mailess, una joven apadrinada por Jeroen y Zulema Rijk, que fueron nuestros compañeros de viaje desde el tercer día.

Con Jeroen y Zulema seguimos viajando desplazándonos a la Escuela Profesional Chikowa. A través de Ritchie Brothers International Auctioneers, Jeroen ha donado a Chikowa herramientas, maquinaria y varios tractores. Allí conocimos al Padre Francisco, al Padre Luigi y a Antoine, un voluntario que llevaba algo más de un año en el programa. Descubrimos la fantástica comunidad educativa que han creado, con más de 100 estudiantes en los distintos cursos que ofrecen: carpintería y ebanistería, mecánica de automóviles, albañilería y agricultura.

En mi vida había visto algo parecido. Era como una maravillosa “Hacienda”, muy ordenada y organizada. Todo lo que producen allí, tanto los cultivos, como los muebles que salen de sus talleres, les permiten financiar los estudios y la manutención de todos los estudiantes. Gracias a esta Misión los estudiantes aprenden una profesión accesible para ellos.

Después de un largo paseo por las instalaciones viendo aulas, comedor, sala de ordenadores, llegué al lugar donde, en la distancia se veían los cultivos e invernaderos. Estaban tan lejos que mis dolidos pies se acobardaron por un momento… pero gracias a una tirita de mi botiquín pude seguir andando y descubrir con fascinación un montón de cultivos que resultaron muy interesantes (además de exóticos). Este paseo fue muy instructivo. La Fundación Livingstone ha donado a Chikowa varios de los invernaderos donde se cultivan distintas variedades de hortalizas, frutas y vegetales que requieren las condiciones generadas por semejantes instalaciones que brindan además la recolección de varias cosechas sucesivas de especies que normalmente solo dan frutos una o dos veces al año. La Fundación Livingstone ha aportado también maquinaria agrícola para facilitar el trabajo.

Al sexto día de nuestro viaje viajamos a la ciudad de Livingstone y visitamos las Cataratas Victoria. No olvidaremos las majestuosas vistas del agua que truena, “Mosi oa Tunya” (literalmente, “El Trueno que ruge”), ni el efecto ducha que sufrimos a pesar de llevar puestos chubasqueros alquilados. Gracias a Dios, nuestras cámaras sobrevivieron al agua y a la bruma que levanta el torrente. Las vistas al atardecer desde el lugar donde acaba el manso río Zambeze y comienza la caída del agua fueron una de las visiones más hermosas que mis ojos recordarán. Un lugar para estar un día entero observando.

El museo de la ciudad de Livingstone tenía multitud de materiales para aprender sobre el país, sus costumbres y la época colonial. Explicaba cómo empezó el estado de Rodesia siendo un protectorado de Inglaterra para defender a sus gentes y tribus de una probable colonización por parte de los portugueses que habitaban al Este y al Oeste. La Sala del explorador Dr. Livingstone expone numerosos objetos personales, cartas y fotografías. En la ciudad se puede admirar muchos edificios coloniales que datan del periodo de su fundación y son muy peculiares. Allí pasamos largo rato explorando la artesanía en los mercados.

Por donde íbamos, el consumismo se traducía por su mínima expresión. Nada que ver con Europa. No había plásticos, ni envases de un solo uso, ni cigarrillos, ni suciedad, pero sí lugares limpios, paisajes sobrecogedores, alegría, paz, exuberancia.

Este país me ha dado mucho sobre lo que reflexionar, y me ha hecho sentir sensaciones nuevas. Me encantaría volver algún día. Mientras tanto, sigo viajando aunque, esta vez, a través de las palabras y memorias que el Dr. Livingstone recogió en su libro “Viajes e Investigaciones de un Misionero en Sud África”, y recuerdo el impacto tan positivo que hemos conseguido desde la Fundación Livingstone para ese lugar tan remoto, genuino y alegre.

 

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